EL FRACASO DE LA MARCHA CONTRA LA PAZ

Mientras el 17 de marzo en el departamento del Cauca las comunidades se movilizaron masivamente en apoyo a los diálogos de paz y en respaldo al pliego nacional que contiene 14 puntos más el cual fue entregado al presidente Santos; hoy, en la capital caucana, fue un fracaso la marcha contra el proceso de paz en apoyo a una salida militar al conflicto.

Razones existen de sobra; nuestro departamento es uno de los más impactados por el conflicto social y armado; los asesinatos selectivos durante el gobierno del expresidente Uribe fueron el pan de cada día. El incremento del paramilitarismo en nuestros campos fue notorio y al lado de ellos resurgieron, los crímenes de Estado mal llamados "falsos positivos".

La movilización convocada por el Uribismo constituye el mayor cinismo. Es una farsa llamar a los colombianos a marchar por la salud, el desempleo y la corrupción y el desgobierno cuando donde el propio Uribe en su condición de Senador de la Republica fue ponente en la aprobación de la privatización de la salud mediante la ley 100/93. Escucharlo hablar de desempleo es cuando menos ridículo. El duro golpe que los trabajadores recibieron en su gobierno con el incremento de la tercerización laboral, los despidos masivos, son solo muestras claras de una política neoliberal criminal acompañada de la represión de estructuras armadas de ultraderecha, mediante las cuales se persiguió y diezmo al movimiento sindical.

Esta marcha fue un fracaso, no tuvo eco en la población caucana, aún cuando la propaganda que realizaron en los medios masivos de la derecha fue de gran envergadura. Seguramente la movilización por la paz del 9 de abril en nuestra capital si será bien recibida, pues cuenta con la legitimidad de estar convocada por quienes hemos sido víctimas del terrorismo oficial y golpeados por las políticas antipopulares del régimen.

El 9 de abril en cambio, los marchantes tendrán la dignidad y la razón para exigir el derecho a la salud, a la educación, al trabajo, garantías para la oposición, cumplimiento de los acuerdos incumplidos y sobre todo la construcción de una paz con justicia social estable, duradera y edificada de manera democrática con el constituyente primario como actor principal.