MEDIOS DE COMUNICACIÓN PARA LA GUERRA

"Los grandes medios de comunicación han sido por décadas, un actor político bastante activo en el conflicto colombiano"

No de otra manera se puede calificar la actitud de medios de comunicación como RCN, NTN 24, CARACOL, BLU RADIO y otros similares. "Periodistas" como Claudia Gurissati, Néstor Morales, Darío Arismendi, Pascual Gaviria, Juan Roberto Vargas, Yesica de la Peña y tantos más; "plumas" pagadas por los grandes conglomerados económicos. Estos gatilleros del periodismo, atrincherados detrás de un micrófono y una cámara disparan todos los días contra los anhelos de paz y reconciliación de los colombianos.

Los grandes medios de comunicación han sido por décadas, un actor político bastante activo en el conflicto colombiano. Su defensa a ultranza del estatus quo, su complicidad con la violencia estatal y para-estatal, es ampliamente conocida en el ámbito interno e internacional.

Por muchísimos años, se han dedicado a atizar el conflicto, promoviendo odios y discriminaciones; repartiendo culpas y absoluciones según se los dicten los intereses del régimen.

Sin la menor vergüenza; estos canales de televisión y cadenas radiales, se han dedicado a ponerle palos en la rueda a los diálogos de paz de la Habana. A cada avance y pronunciamiento sobre los resultados de los diálogos, estos francotiradores que acechan el proceso de paz, desatan una campaña que tiene como objetivo relativizar e incluso deslegitimar los acuerdos que se van logrando por las partes y que nos acercan al fin del conflicto.

Es tal su desfachatez, falta de imparcialidad y abandono de la ética periodística, que hablan de impunidad y le dan por horas el micrófono al más cuestionado de los ex presidentes; sujeto de marras, que hoy está siendo investigado por promover grupos paramilitares. "Como quien dice; preguntémosle al diablo que opina del Padre Nuestro".

Ningún expresidente; ni los José Obdulio, Rangel o demás camarilla uribista, tienen autoridad moral o política para hablar de impunidad, tampoco los medios y periodistas que han ocultado durante años la tragedia nacional de los desplazados del paramilitarismo, de los desterrados por las obras de infraestructura que despojan a los pobres, de la política económica que desarraiga a millones de compatriotas, de los fasos positivos y montajes judiciales que han generado miles de muertos y encarcelados. No, nadie de este establecimiento criminal tiene autoridad para hablar de impunidad.

De impunidad pueden hablar; las madres de Soacha, los familiares de los más de cuarenta mil desaparecidos, los sobrevivientes de la Unión Patriótica, los parientes de los desaparecidos del Palacio de Justicia.

Es paradójico y trágico, que aquí, estén hablando de impunidad los victimarios; Álvaro Uribe y su corte.

Los medios de comunicación en general y los periodistas en particular, deberían honrar la profesión, informar con transparencia, imparcialidad y pluralismo; pero eso es demasiado pedir a quiénes no saben otra cosa que obedecer como borregos los dictados de los propietarios de los medios.

El morbo por la violencia, la falta de imparcialidad y objetividad que han demostrado los grandes medios durante el proceso de paz, exige que de manera urgente trabajemos en la democratización de los medios de comunicación. La información de cualquier índole, pero aún más la que se refiere a procesos tan importante para la nación, no debe seguir en manos de los monopolios de la "información". En un Estado democrático, deben tener cabida la pluralidad y las opiniones divergentes.

La democracia informativa y la inclusión de los medios comunitarios y alternativos de comunicación debe ser parte de los cambios que la paz requiere.

Para los amigos de la paz y la reconciliación entre los colombianos, es impensable un pos conflicto en el cual la información siga estando en manos de quienes hoy disparan desde todos los ángulos, dardos envenenados contra un proceso de paz, que busca poner fin a un conflicto que ha desangrado nuestro país por más de cincuenta años.

Hubert Ballesteros

Cárcel la Picota Bogotá.