UN 25 DE OCTUBRE...

Por; Agencia de Comunicaciones Prensa Alternativa Cauca

26 de Octubre de 2016

... mujeres y hombres, campesinos, obreros, soldados, los pobres del país más grande del mundo, bajo el azote del hambre, el frío, la explotación, la guerra, alcanzaron el momento cúlmine de años de resistir y luchar, de aprender a leer y a leerse, a ver y a verse, a organizar la rabia acumulada de tantas represiones y masacres, y encaminarla con la conciencia que solo puede dar la muy dura realidad, hacia la conquista de la verdadera democracia, la participativa y protagónica, aquella donde quien se piensa el país y decide sobre sus vidas, es el propio pueblo.

El pueblo ruso se enfrentó durante décadas al poder político y económico represivo, explotador y opresor en manos de la oligarquía monárquica, la burguesía, los terratenientes, los medios de comunicación, los intereses imperialistas de las grandes potencias, la concentración absoluta de la tierra, de las riquezas, la acción opresora de una iglesia conservadora monarquista. ¿Será que algo de esto nos suena familiar?

Lo que se le escapó a estos todopoderosos, fue que las y los obreros, con la experiencia de insurrección de 1905 (brutalmente reprimida), encontraron su forma de participación política perfecta, los soviets (consejos); asambleas populares donde todas y todos los presentes podían expresar sus opiniones, sus pensamientos y sentires, siendo escuchados, así hablasen el tiempo que sea, donde todos ratificaban o rechazaban cada propuesta, que se volvía mandato popular, ley suprema, de obligatorio cumplimiento para toda la comunidad e innegable para el Estado... porque no había Estado que se le opusiese, estaban más preocupados por hacer dinero, gastárselo en apuestas y orgías, ir a la guerra por negocio y ser los dueños del mundo desde sus cómodos palacios.

Los soviets se volvieron para las y los pobres, la satisfacción más acabada de sus necesidades de democracia directa, donde fueron profundizando en su entendimiento de la realidad, en identificar a los oportunistas, a los antipueblo, hipócritas y demagogos entre sus filas, para fundirse y sintetizarse en una única identidad: el proletariado.

Todo esto no sucedió espontáneamente ni porque simplemente el pueblo ruso haya sido iluminado por un ser divino; tuvo el acompañamiento desde el primer momento de una organización política que entendió que las grandes transformaciones las hace el pueblo por medio de un nivel cada vez mayor de conciencia, organización y lucha. El Partido Bolchevique encausó al pueblo hacia la Revolución en la medida en que el pueblo encausó al mismo Partido hacia la vanguardia que estaba llamado a ser. La claridad, obra del cerebro materialista dialéctico del camarada Lenin, de que la realidad del pueblo es la que manda y de que no importa nada más que liberarse del yugo opresor de los explotadores, fue lo que llevó a los bolcheviques a volverse en el término de meses (¡!) el partido indiscutible de las mujeres y hombres obreros, campesinos y soldados, que se tomarían el cielo por asalto un 25 de octubre de 1917, hace 99 años.

Todo este proceso, desde su etapa de preparación a principios de siglo, pasando por la toma y consolidación del poder, el punto de inflexión que significó la muerte de Lenin, hasta la caída del muro en 1989, es necesario conocerlo, estudiarlo; no tan distinta es nuestra historia ni nuestros desafíos por delante.

Mucho tenemos para aprender y apropiarnos de las experiencias de nuestros compañeros y compañeras que lucharon en todos los tiempos, de sus aciertos y sus errores, en todos los rincones del planeta, contra el mismo enemigo común. Sabemos mucho de despojos... apropiémonos de la práctica y despojémonos de lo que nos ha dicho la historia oficial, de lo que creemos saber; leamos críticamente, intentando situarnos en el momento histórico de cada pueblo, reconstruyamos nuestro camino a partir de estas experiencias, de estos acumulados que son nuestros, del pueblo desposeído, pobre y trabajador, en la lucha por el pan, la tierra y la libertad.