El enfoque de género se respetó, a pesar de... 


Por: Agencia Prensa Alternativa Cauca

16 de noviembre de 2016

Tras varias semanas de debates y jornadas de trabajo intensas en La Habana, hay nuevo acuerdo, y con este, nuevos análisis y reflexiones. Uno de los principales, es el que compete a las modificaciones relacionadas al enfoque de género y la inclusión de las comunidades LGBTI, muy golpeadas por la campaña manipuladora de la 'ideología de género' que encabezaron los sectores más conservadores y fascistas de las iglesias y el establecimiento.

En aras de lograr un acuerdo más amplio e incluyente para todos los sectores de la sociedad colombiana, se modificaron términos y conceptos, se precisaron responsabilidades y alcances, entre otras cosas. En este sentido, se mantuvo el enfoque de género, disminuido o relativizado en ciertos puntos, y considerado más que nada para lo que respecta a las mujeres. Lamentablemente, el sector que más sufre las modificaciones son las comunidades LGBTI; son incluidas ahora dentro de conceptos como "grupos en condiciones de vulnerabilidad". Esto, junto con la permanente aclaración de que los acuerdos se regirán por las leyes vigentes y las autoridades en el poder, quedan a la voluntad de los actuales representantes su inclusión o no en la implementación; a estos deberemos cambiarlos por medio de las elecciones si queremos que los acuerdos se apliquen con la mayor amplitud y participación posible. Además, se eliminaron sistemáticamente las palabras género y equidad, en todos lados donde se pudo; la última, sustituida muchas veces por la liberal 'igualdad de oportunidades'. Esto demuestra la tendencia de los sectores más recalcitrantes de las iglesias y el establecimiento a no querer reconocer a las LGBTI como víctimas del conflicto. Como no podíamos esperar de otra manera, en la implementación va a haber que seguir dando la lucha para que esto no sea así.

Estas modificaciones de forma podrían considerarse victorias de los sectores retrógrados mencionados, quienes hicieron activa campaña por el No en el plebiscito, negando caprichosamente la realidad de nuestra sociedad y la inclusión de todas las comunidades efectivamente vulneradas por el conflicto, en su solución política. Con sus cabezas en otro siglo y otro continente, revivieron la cacería de brujas, que gracias a la fuerza de nuestro movimiento popular, no pasará de la intención opresiva y conservadora.

Los cambios han sido principalmente de forma, pero debemos ser muy concientes de que esta determina al contenido, tanto como al revés. A no desanimarse, también debemos ser concientes que los promotores del NO, mediante la mentira, el odio y el rencor, llevaron a tener que satisfacer sus caprichos para sacar adelante los acuerdos definitivamente y comenzar cuanto antes con su implementación, respondiendo así positivamente al clamor popular y mayoritario demostrado en este mes y medio postplebiscito en todo el país. Resulta evidente que la mayor disposición de zanjar definitivamente las diferencias se dio por parte de las FARC-EP y no del gobierno, quien hasta consultó con Uribe la aprobación final de los acuerdos, lo que deja mucho para reflexionar; como bien dice Hubert Ballesteros: "El nuevo acuerdo (...) demuestra una vez más la genuina voluntad de paz de la organización insurgente; no así la del establecimiento, que mostrándose aparentemente dividido entre uribistas y santistas, sigue buscando hacerle conejo a la paz que tanto deseamos los colombianos" ("¿Será definitivo el nuevo acuerdo de paz?", del 13 de noviembre de 2016).

Por tanto, el llamado general ante el nuevo acuerdo es a pararnos duro sobre la nueva línea roja (un poco más acá que antes), para asegurar la implementación de lo logrado y a partir de allí, ir por todo lo que falta; siempre con la claridad de que el establecimiento y sus distintos sectores, harán todo lo posible por sabotearnos. Como dijera El Libertador, "¡Lo imposible es lo que nosotros tenemos que hacer, porque de lo posible se encargan los demás todos los días!".